A la matrix le gusta el in and out?

Hoy fui a un show de forró en el que participó mi amiga Carol. Tocaron mujeres en el SESC Pelourinho. Me emocioné un montón cuando cantaron “o homem não me define / minha casa não me define / minha carne não me define / eu sou meu próprio lar”. Aunque en verdad fui más que nada observador de toda la atmósfera, disocié un montón y fui el comentarista mental de mis propias observaciones: que los colores del modo nordestino, que la sonoridad flashera de esos tambores (Trio de dunduns: Dundunba, Sangban, Kenkeni. Cuando tocó el sangban solo daba una tríada menor, guau), la concentración de la sanfonista, que estuvo ahí re puesta todo el chow; y el violín nordestino ese, la rabeca, su timbre metálico y que la tipa se lo apoyaba en el pecho! parecía el bajista de la Metallica.

Y es que este tipo de arte, música tradicional de claves y timbres hasta hipnóticos, requieren también un público sumido en esa matrix, vibrando constantemente en esa frecuencia, sin salirse del acate ni dar mucho de sí.

Bostezos. La verdad es que cuando voy a un show me gusta ser desafiado, incomodado, y necesito sorpresa para mantener la adrenalina latente. Además, y por lo menos, que satisfagan mis propios fetiches, como la noche anterior que fui al ABOCA en Sto Antonio a una fecha de música contemporánea. Había una guitarra acústica microtonal, con la que improvisaban junto a una flauta, estuvo increíble. El tipo que tocaba la guitarra (importante destacar lo de TIPO, porque había algo de onvres ahí) le sacaba un sonido hermosísimo, así fingerstyle pulsado, además de las técnicas extendidas: sonidos percusivos y secos, una cuchara de sopa entrelazando las cuerdas, el propio capotrasto para frotar à la Violeta García soft. También hicieron un par de Gimnopédies de Erik Satie, se generó un clima hermoso, yo me mecía sentado arriba de una mesa, que por momentos imaginaba que era un freezer horizontal. Me quedé con la sensación de que fui a ver un concierto de música del siglo pasado, que aún no llegó a cuestionarse a sí misma en términos de género, por ejemplo. Aún así, a eso le llamamos música “contemporánea”. Preferiría llamarle A Música Século XX, como el disco de Jocy de Oliveira.

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