Hola, me llamo J.S., hijo de Mirtha Legrand y Marcelo H. Tinelli

Bueno, ya me he presentado, me consta. Por lo siguiente. Lo anterior ya estaba rancio era polvo de madera las migas de las polillas.

Sobre el tiempo yo no pienso me lo guardo en mi silencio
Antiayer me puse guantes para no tener que tocarte. Hoy.

Es juernes y mañana se sale. Y se sale fuerte. Invitamos unos tragos, me la pego en la pera. Bailamos todo de corrido hasta corrernos. A ver correte que estás estorbando el paso.

“Está de re chupete“, “se nota la clase que tiene“, “muy bueno de los niveles muy buenos“; dijo el Dr. Pedants. Tantas albóndigas que dijo y no me acuerdo de ninguna… es que nunca las probé; soy vegane.

Se lo dije, hasta el cementerio no paro, no veo la señal, me doy contra el faro.

Qué raro, si yo te dije que tuvieras cuidado.

Alto rancio sos, salí de mi lado.

Pero te amo y no sé cómo volver a estar con vos, Evo Carter, me gusta la camiseta que te has comprado. Lo vi en la radio, la imagen quedó dicha.

Negro Leo

Eu não me importo com você
Mas com minhas unhas grandes arranquei os olhos dela
Só por prazer, não por vingança,
Um desejo irresponsável de criança
Eu quis vê-la sangrar
aquela quantidade enorme
de sangue azul
Eu não me importo com você
Eu te esnobo
Encare minha ferida seca
Eu lacrei, eu lacrei, eu lacrei
Aceite


No me importás.
Pero con mis uñas grandes le arranqué los ojos a ella
Sólo por placer, no por venganza
Un deseo irresponsable de infante
Quise verla sangrar aquella cantidad enorme de sangre azul
No me importás.
Te desprecio.
Afrontá mi herida seca.
Yo afané, yo afané, yo afané
Aceptalo

Clínica de la esperanza, sala de espera

La obra de enfrente pasó de taladrarme las muelas por las mañanas a directamente martillar mis mandíbulas. Arrancan mis sueños, graban mis orejas con cincel. Cagan a escopetazos a mis ovejas y ni siquiera hay lobos hambrientos. Aunque al rato mi coerpe va a despertar directo al desayuno.

Una Hiundai 4×4 maniobra a mitad de cuadra. Ilegal y peligroso. Palante, patrás, patrás-patrás, pe-perreito, pe-pe-perreito bolsonarista. En la maniobra final muerde el cordón de la vereda y arrastra mi flora intestinal, se lleva toda mi salud. Espero desembocar en el Amazonas y no intoxicarme.

Dato mata relato but the other way around

Ayer fue muy emocional, y no es una metáfora. Así son los contratos de laburo que firmo; si le sacás la tapa el vapor se escapa y el calor se disipa rápidamente. Entonces hoy. Pero Salvador, la bahía, tiene mucho espacio para el relato, para descer a ladeira hasta la plaza y encontrar alguna experiencia vital.

A esta hora aún hay banana real, y cafezinho. Ya te dije que odio el café con azúcar, pero en contexto de rúa y acompañando el pastel, me parece delicioso. Y es que no me estoy bebiendo sólo el café, estoy experimentando el relato del café, de pie enfrente al kiosko. La señora del kiosko de tapabocas, por eso no le pregunto su nombre. El foráneo que llega respetuoso a pedir un coco gelado, alguien que pasa y dice bom día, gente del barrio que saluda y le dice un descanso al negro que abre los cocos en el kiosko: “é bom mexer com o celular, eh?!”. Hay calor, pero pasa un preto magrinho todo arrumado, de jeans y canguro. Todo el mundo usa lentes, yo los dejé en casa, los uso sólo para la pantalla.

Llega un perro rubio casi blanco, trae a un señor casi de su color. El perro no lleva lentes pero va directo al negão dos cocos, quien interrumpe su memencia para servirle cocos al perro. Revuelve los tanques con los cocos vacíos, el perro se impacienta ya demasiado. El humano señor le dice algo sobre los modales, y el perro posa sentadito como para gettyimages. El perro es muy bello y su lengua sedienta cada vez más prominente.

La mujer callejera de la música está escuchando tecno, baila sentada a las carcajadas. Creo que la gente llama a esa música de putería. Ella anda siempre en la vuelta, con su radio portátil que le costó “un billete de 50 y uno de 20”, según ella 120 reales. Y por fin el perro recibe su coco abierto, lo lame con goce desesperado, irradia satisfacción, pide más y más. Quién pudiera tener su moral y privilegios.

Banana real es un pastel de plátano, bahiano y frito, con azúcar y canela por afuera. Es como algunas personas introvertidas: crocante por fuera pero cremoso por dentro.

La avenida Oswaldo Cruz es muy activa, recién se calma a la noche. Y aunque es evidente que lo que lleva es el tráfico cotidiano hacia Barra y hacia el Centro; un albañil desde la acera de enfrente le grita: “voltou, Lula voltou!” como si fuera una caravana del PT. Épico y antirandom, millones de personas esperamos Octubre.

El café hirviendo limpia el paladar plastificado, aunque el calor se disipa rápidamente por el vaso de plástico. El perro que absorve cocos, la gente que pasa y dice buen día, todo se disipa rápidamente, excepto la luz del semáforo, que en semieterno rojo me retiene en lo inmediato, en la búsqueda de la sombra.

A la matrix le gusta el in and out?

Hoy fui a un show de forró en el que participó mi amiga Carol. Tocaron mujeres en el SESC Pelourinho. Me emocioné un montón cuando cantaron “o homem não me define / minha casa não me define / minha carne não me define / eu sou meu próprio lar”. Aunque en verdad fui más que nada observador de toda la atmósfera, disocié un montón y fui el comentarista mental de mis propias observaciones: que los colores del modo nordestino, que la sonoridad flashera de esos tambores (Trio de dunduns: Dundunba, Sangban, Kenkeni. Cuando tocó el sangban solo daba una tríada menor, guau), la concentración de la sanfonista, que estuvo ahí re puesta todo el chow; y el violín nordestino ese, la rabeca, su timbre metálico y que la tipa se lo apoyaba en el pecho! parecía el bajista de la Metallica.

Y es que este tipo de arte, música tradicional de claves y timbres hasta hipnóticos, requieren también un público sumido en esa matrix, vibrando constantemente en esa frecuencia, sin salirse del acate ni dar mucho de sí.

Bostezos. La verdad es que cuando voy a un show me gusta ser desafiado, incomodado, y necesito sorpresa para mantener la adrenalina latente. Además, y por lo menos, que satisfagan mis propios fetiches, como la noche anterior que fui al ABOCA en Sto Antonio a una fecha de música contemporánea. Había una guitarra acústica microtonal, con la que improvisaban junto a una flauta, estuvo increíble. El tipo que tocaba la guitarra (importante destacar lo de TIPO, porque había algo de onvres ahí) le sacaba un sonido hermosísimo, así fingerstyle pulsado, además de las técnicas extendidas: sonidos percusivos y secos, una cuchara de sopa entrelazando las cuerdas, el propio capotrasto para frotar à la Violeta García soft. También hicieron un par de Gimnopédies de Erik Satie, se generó un clima hermoso, yo me mecía sentado arriba de una mesa, que por momentos imaginaba que era un freezer horizontal. Me quedé con la sensación de que fui a ver un concierto de música del siglo pasado, que aún no llegó a cuestionarse a sí misma en términos de género, por ejemplo. Aún así, a eso le llamamos música “contemporánea”. Preferiría llamarle A Música Século XX, como el disco de Jocy de Oliveira.